¿Qué estás sintiendo en tu cuerpo? Aprender a reconocer las sensaciones

 

Volver al cuerpo puede parecer algo sencillo. Pero cuando realmente te detienes no siempre es tan claro. Muchas veces, al hacer una pausa, aparece una pregunta:  ¿qué estoy sintiendo ahora mismo?

Y no siempre hay una respuesta inmediata. El cuerpo no se expresa con palabras, sino a través de sensaciones. Puede ser una tensión en los hombros, una presión en el pecho, un vacío en el abdomen o una respiración más superficial. A veces es algo más definido. Otras, más difuso. Acercarte a estas sensaciones no implica entenderlas, sino empezar a reconocer que están ahí.

Sensación y emoción: una referencia suave

Desde una mirada somática, puede ser útil diferenciar entre sensación y emoción. Una emoción puede nombrarse como ansiedad, calma o tristeza. Una sensación es cómo esa experiencia se manifiesta en el cuerpo.

Por ejemplo: la ansiedad puede sentirse como inquietud en el pecho o un nudo en el estómago.
la calma puede percibirse como mayor amplitud o suavidad interna. No es necesario definirlo con exactitud. A veces, notar una pequeña diferencia ya es suficiente

Cuando no aparece nada claro

También puede ocurrir que, al detenerte, no notes nada en particular. No es un error. El cuerpo también sabe protegerse, regularse y dosificar lo que muestra. A veces, la ausencia de sensación es parte del proceso. Y también puede ser un lugar desde donde empezar.



Práctica: reconocer y acompañar la sensación

Esta práctica es una invitación a acercarte a tu cuerpo con curiosidad, sin necesidad de cambiar lo que está presente. Puedes hacerla en unos minutos, en cualquier momento del día.

Llegar

Toma un momento para notar cómo estás. Puedes observar tu postura, el contacto con el suelo o la silla, y el espacio que ocupa tu cuerpo. No hace falta ajustar nada.

Explorar

Lleva la atención al cuerpo. Quizá puedes preguntarte: ¿Hay alguna zona que llame mi atención? ¿Cómo se siente? Si aparece una palabra, puedes usarla: tensión, presión, calor, vacío…o simplemente "no estoy segura".

Acompañar

Puedes ofrecer un pequeño apoyo a través de la respiración. Inhala de forma natural. Y al exhalar, deja salir el aire un poco más lento, como un suspiro suave. Si lo sientes disponible, puedes añadir un gesto pequeño: soltar ligeramente los hombros o suavizar la mandíbula. Sin buscar un resultado concreto.

Regular

Puedes alternar la atención: unos momentos en la sensación y luego llevarla a algo más neutro, como la respiración o el contacto con el suelo Este movimiento puede ayudar a que la experiencia sea más llevadera.

Integrar

Detente poco a poco. Nota el cuerpo en conjunto. Quizá puedes preguntarte: ¿Hay algún pequeño cambio? O simplemente notar cómo estás ahora.

Cierre

No es necesario entenderlo todo. A veces, empezar a sentir ya es suficiente.

Un lenguaje que se va construyendo

Con el tiempo, este tipo de atención puede ir haciendo más claro el lenguaje del cuerpo. No como algo que hay que interpretar correctamente, sino como una forma de relación que se va afinando. Porque el bienestar no empieza cuando todo está bien, sino cuando puedes empezar a estar con lo que hay.


Con presencia,

Susana